domingo, 19 de febrero de 2012

"Pensar es como vivir dos veces"
MARCO TULIO CICERÓN


Texto I

Orator





Será digno de tan ilustre nombre quien hable sobre cualquier asunto que deba desarrollar, y lo haga con prudencia, orden, ornato, con buena memoria y cierta dignidad en la acción

Pues para aprender los restantes oficios basta con ser un hombre común, capaz de entender y retener en la memoria lo que se le enseña, o quizá se le inculca reiteradamente si acaso es de comprensión lenta. No se busca la agilidad de la lengua, ni vivacidad en las palabras, y tampoco aquello que no podemos fingir: el aspecto, el rostro, la voz. Pero en el orador debe requerirse la agudeza de los dialécticos, el pensamiento del filósofo, las palabras de los poetas, la memoria de los jurisconsultos, la voz de los trágicos y hasta el gesto de los más grandes actores. Por eso, nada es más raro de encontrar entre los hombres que un orador perfecto. Pues los entendidos en otros asuntos, si han logrado aunque sea mediocremente algunas de estas cualidades, son aceptados; en el caso del orador no puede haber aprobación a no ser que todas ellas se encuentren reunidas, y en su mayor perfección

Orator, I, XV, 64  (Stramiello de Bocchio, Clara)

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