jueves, 13 de febrero de 2014

UN PRESENTE DE AMISTAD


Cari discipuli, para este 14 de febrero, este poema del poeta Anacreonte, nos recuerda lo que verdaderamente es importante en nuestras vidas.


DE SÍ MISMO

Sobre los verdes mirtos recostado
quiero brindar, y sobre tiernos lotos,
y que al Amor, al cuello
con una cinta el palio recogido,
escancie el vino en mi profunda copa.

La breve vida pasa dando vueltas
cual la rueda de un carro,
y cuando se deshagan nuestros huesos
yaceremos en polvo convertidos.

¡Para qué entonces derramar ungüentos
sobre la tierra helada? ¿De qué sirve
libar sobre la tierra que nos cubra?
Mejor úngeme ahora,
coróname de rosas perfumadas
y haz que se acerque la mujer que adoro...

Mientras llega el momento
de acudir a las danzas infernales,
quiero vivir ajeno de cuidados.

ANACREONTE (Teos, Asia Menor,  572?)

lunes, 6 de agosto de 2012

BIENVENIDOS, CARI DISCIPULI

*


      Empezamos un nuevo proyecto en nuestras vidas, y me da gusto compartir con ustedes el reto de llevar a buen término nuestras tareas. Nos espera un año de trabajo intenso, pero también de nuevas y enriquecedoras experiencias. Y quiero ofrecerles un regalo muy especial de bienvenida. Un texto del filosofo romano  Lucio Aenneo Séneca, uno de los autores que más aprecio y me gusta. Sus palabras siempre me han inspirado grandes ideas y, a veces, me han fortalecido en situaciones díficiles

Espero les gusten. Hélas aquí:

La filosofía manantial de verdaderos goces.

…Lucilio, quiero yo que la alegría no te falte, quiero  hacértela íntima, doméstica por decirlo así,  y lo será si anida en el corazón. Las otras alegrías no llegan al alma, son pasajeras, superficiales y fútiles, a no ser que entendáis que el hombre  feliz es el que ríe. El alma es la que ha de estar gozosa, llena  de confianza, inalterable y superior a los acontecimientos. Créeme, es cosa seria la verdadera alegría. ¿Piensas que se desprecia la muerte con el descaro en los ojos y con la risa en los labios? ¿Imaginas  que es así como se afronta la pobreza, como se subyugan las pasiones, como  se estudia el dolor  y se le vence?  Es grande el goce  que producen estos penosos esfuerzos. Pero no se manifiesta  con risas en los labios. La alegría cuya posesión te quiero asegurar no ha de faltarte nunca, una vez que descubras su fuente. […] Toma, querido Lucilio, yo te conjuro a tomar el único camino que puede conducirte a la felicidad; no vaciles en rechazar, en despreciar, todos los bienes que brillan con luz prestada; no busques otra dicha que la verdadera  y goza de ella como de cosa propia.

                Pero  ¿a qué llamas cosa propia en materia de felicidad?  A lo que está en ti mismo, en la parte más noble de tu ser. En efecto, el miserable cuerpo, aunque instrumento obligado de todas nuestras acciones, es un objeto más necesario que importante. Frívolos, efímeros, seguidores del desagrado  y del arrepentimiento, los placeres que el cuerpo nos procura son todo lo contrario  del placer cuando la sabiduría no les pone un límite. Si Lucilio  amado, el placer confina con el dolor; en él cae si no sabe detenerse, es muy difícil cuando se cree estar en el buen camino. De la verdadera felicidad  se puede ser ávido sin peligro alguno y sin conocer jamás la saciedad. Pero de esa felicidad, vas a decirme, ¿cuál es la naturaleza, cuáles son sus  elementos? Hélos aquí: una conciencia buena, pureza de intenciones, la rectitud en las acciones, el desprecio  de los bienes precarios y fortuitos, continúa perseverancia  con una vida uniforme.

Cari discipuli, son ideas nuevas para nosotros que siempre buscamos la felicidad en cosas muy superficiales, cambiantes  y a veces, inalcanzables. Pero encontraremos la manera de realizar un cambio en nuestra manera de pensar y eso no es tan difícil, lo primero es tener la voluntad de hacerlo y lo segundo… ya les diré.

Espero un comentario de su parte para que empecemos a conocernos. También les invito a conocer este blog porque ha sido hecho para ustedes, recorran todos los lugares y verán que hay cosas interesantes.

 Texto tomado de Séneca, Lucio Aenneo, Cartas a  Lucilio, pp.161 
* Esta imagen se copió de Google

domingo, 4 de marzo de 2012

EN DEFENSA DE MILON

I. Jueces : Aunque temo que sea vergonzoso sentir miedo al comenzar la defensa de un hombre tan valiente y (que) no esté bien que no pueda presentarme con su misma grandeza de alma, pues T. Annio está más preocupado por la seguridad de la República que por la suya; sin embargo, esta nueva forma de un juicio especial aterra a la vista, pues a donde quiera que mire echa de menos las antiguas costumbres del foro y los viejos procedimientos judiciales. Pues ya no se ve el círculo de oyentes rodear, como de costumbre, el tribunal en que estáis sentados ni tampoco nos acompaña el público; habitual esas fuerzas armadas que veis en todos los templos, aunque han sido puestas ahí para reprimir cualquier violencia, no dejan de inspirar al orador cierto sentimiento de terror, y aunque la fuerza pública nos brinde una protección necesaria en pleno foro y ante este tribunal, sin embargo, no puedo sentirme seguro y sin algo de miedo, Porque si yo creyera, jueces, que todas estas medidas se han tomado contra Milon, cedería ante las circunstancias y no se me ocurriría pensar que, ante tal despliegue de fuerzas armadas, había sitio para un orador. Pero me tranquiliza y conforta la prudencia de un hombre tan sabio y tan justo como Cneo Pompeyo que, seguramente, hubiera considerado indigno de su sentido de justicia entregar a las armas de sus soldados a un hombre a quién puso a disposición de un tribunal en calidad de reo, e indigno de su prudencia armar, con la autoridad pública, a la multitud exaltada. Por tanto, esas armas, esos centuriones y esas cohortes no representan peligro alguno, sino que más bien son  una protección; todo esto nos invita  no sólo a estar tranquilos sino a mostrar resolución, y garantiza a mi discurso no sólo seguridad sino también un silencio completo. Además, todo el público restante que está compuesto de ciudadanos  está de nuestra parte. Y no hay nadie entre todos los que nos miran desde todos los sitios desde donde puede verse cualquier parte del foro  y que están esperando el resultado de este proceso, no hay nadie digo, que no alabe la valentía de Milón y que no piense que de lo que hoy se trata es precisamente de su propio destino, del de sus hijos, del de la patria y del de sus fortunas.
Fragmento
Cicerón, Marco Tulio. En defensa de Milon, México, UNAM, 1972




TEXTO 6






     Consideró bien Simónides, o quien quiera que fuese el inventor de este arte, que se fijaba con más eficacia en nuestros ánimos lo que era trasmitido e impreso por los sentidos, y principalmente por el de la vista: de aquí dedujo que lo que se oye o piensa, más fácilmente podría retenerse cuando penetrara con la recomendación de los ojos; de modo que una cierta imagen semejanza y figura recordase las cosas ocultas y lejanas del juicio de la vista, de suerte que lo que no pudiésemos abrazar con el pensamiento lo retuviéramos, por decirlo así, con la mirada.  Con estas formas y cuerpos, como con todos los demás que están al alcance de la vista, se advierte y excita nuestra memoria; pero es necesario colocar en alguna parte las imágenes, porque el cuerpo sin el lugar no es inteligible. Diré, pues, para no detenerme en cosas sabidas y vulgares, que los lugares han de ser muchos y separados por cortos intervalos, y las imágenes fuertes, brillantes, que hieran el ánimo en cuanto se presenten. Esta facultad la dará el hábito y el ejercicio; de aquí la conversión de palabras semejantes, y la mutación de casos, o la traslación de la especie al género, y el representar con la imagen de una sola palabra toda una idea, a semejanza de un pintor, que con la variedad de formas sabe distinguir los lugares.
[LXXXVII] [355]






TEXTO 7
La elocuencia, en efecto, es una de las más grandes virtudes. Aunque son todas igualmente virtudes y convenientes, no obstante algunas aparecen más hermosas y con más brillo que otras; es el caso de ésta [la elocuencia] que, abrazando el conocimiento de las cosas, de tal manera explica con palabras los afectos y pareceres del alma, que puede llevar a sus oyentes hacia donde ha aplicado todos sus esfuerzos. Cuanta mayor es su fuerza, más debe ir unida a la probidad y a una prudencia extrema; si a quienes carecen de dichas virtudes les enseñamos los recursos oratorios, no haremos de ellos oradores, sino que habremos dado armas a personas ya fuera de .



martes, 28 de febrero de 2012

TEXTO 5


     ¿Es necesario que yo hable sobre lo fructífera que es la memoria para el orador, cuán útil y poderosa? [Gracias a ella] puedes retener lo que has estudiado al aceptar una causa, lo que tú mismo has reflexionado; tener fijas en la mente todas las opiniones, el bagaje de las palabras bien distribuidas; escuchar de tal manera a quien te instruye, o a quien luego debes responder, que hasta parezca no que han hablado a tus oídos, sino que han escrito lo dicho en tu mente. Así, sólo quienes tienen buena memoria saben qué han de decir, en qué medida y con qué palabras; qué es lo que han refutado ya y qué falta aún; y recuerdan mucho de lo que hicieron [cuando intervinieron] en otras causas, y de lo que oyeron de boca de otros.Por donde confieso, sin duda alguna, que la naturaleza es el principio de este bien -como lo es de todo aquello de lo que ya he hablado-; pero este arte de hablar (o tal vez cierta imagen y semejanza de un arte) tiene la fuerza, no de engendrar y procrear algo que no existía absolutamente en nosotros, pero sí de nutrir, formar y fortalecer lo ya nacido. Sin embargo, casi no hay persona cuya memoria sea tan viva que pueda abrazar la disposición de todas las palabras y los pensamientos sin haber anotado y ordenado previamente las cosas; ni se encuentra tampoco alguien tan torpe que no pueda ayudarse con este hábito y ejercitación.

TEXTO 4


     En cuanto a las dos cualidades que he mencionado [la pureza de la lengua y la claridad en la expresión], no esperaréis -según creo- que os indique la razón de ser de un lenguaje exento de defectos, y brillante. Porque no intentamos enseñar a hablar en público a quien no sabe siquiera expresarse; ni es de esperar que quien no puede hacerlo en un latín correcto, hable con elegancia; tampoco podremos admirar lo dicho por quien habla de modo tal que no entendemos lo que está diciendo. Por consiguiente dejemos esto, que lo uno es de fácil conocimiento, y de uso necesario lo otro. Pues la pureza del lenguaje se enseña con las primeras letras y la instrucción propia de los primeros años; la claridad, que se requiere para que sea inteligible aquello que se dice, es necesaria a tal punto que no puede por menos que exigírsele al orador. Pero toda la elegancia en el hablar, si bien se perfecciona con el conocimiento de las letras, no obstante se acrecienta leyendo a oradores y a poetas. Pues aquellos viejos romanos, que aún no podían añadir ornato alguno a lo que decían, se expresaron casi todos de un modo admirable; y quienes se habían acostumbrado a su conversación, ni deseándolo hubiesen podido hablar sino en ese buen latín. Sin embargo, no deberán emplearse esas palabras ya desterradas por la costumbre, a no ser cuando convenga para embellecer el discurso, según mostraré; pero entre las palabras de uso común deberá recurrirse a las más escogidas, lo que requiere detenerse mucho y reflexivamente en las obras de antaño.